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01 — Argentina
El dato de junio fue, en el margen, el mejor de los últimos meses: el índice de salarios subió 2,9% mensual y le ganó a una inflación de 1,9%, algo que en el año solo había ocurrido antes en abril. Pero conviene no quedarse con la foto agregada — cada uno de los tres componentes contó una historia distinta, y ninguna es tan lineal como el titular.
Fuente: INDEC, Índice de salarios (jun-26). *El privado no registrado tiene un rezago estadístico de cinco meses (EPH, promedios móviles trimestrales) — no representa junio en curso.
El privado registrado subió exactamente 1,9%, calcado al IPC del mes: ni gana ni pierde poder adquisitivo en junio, aunque en el acumulado semestral (14,5% contra 16,8% de inflación) sigue 2 puntos por debajo. Es el sector con la trayectoria más «sana» de los tres, en el sentido de moverse en línea con precios, sin sobresaltos.
El público saltó 3,4%, muy por encima del resto, pero el propio INDEC aclaró en su informe que la diferencia se explica casi enteramente por el aumento otorgado a las universidades nacionales el 10 de junio, que se computa en el público total pero no en los subsectores nacional (+1,1%) ni provincial (+2,0%). Sacando ese efecto puntual, el empleado público promedio no tuvo una recuperación real relevante en el mes — el salto es contable, no una mejora de fondo.
El privado no registrado lideró con 4,4%, pero es la serie menos representativa del mes en curso: el propio INDEC advierte que, por su metodología de estimación, tiene un rezago estadístico de cinco meses. En otras palabras, ese 4,4% no refleja junio de 2026 sino, aproximadamente, enero de este año — hay que tomarlo con pinzas y no proyectarlo como tendencia actual.
Fuente: Secretaría de Trabajo (SIPA, base nov-23). El no registrado no se incluye por su rezago metodológico.
El segundo gráfico compara el poder de compra actual contra noviembre de 2023, el mes previo a la devaluación. El privado registrado está apenas 0,6% por debajo de ese nivel (recuperación casi completa), mientras que el ajuste todavía duele mucho más en el empleo público: -9,8% en el subsector provincial y -36,5% en el nacional. La brecha entre sectores privado y público sigue siendo el dato estructural detrás de cualquier lectura de «los salarios le ganan a la inflación».
Para el mercado laboral en su conjunto, la lectura de junio conviene tomarla con matices adicionales: datos de la Secretaría de Trabajo (SIPA, con series desestacionalizadas y metodología distinta a la de INDEC) muestran que el salario real privado registrado cayó 0,9% en junio, el segundo mes consecutivo en rojo, y quedó por primera vez en 20 meses por debajo del nivel de noviembre de 2023 en esa medición específica. La diferencia con el dato de INDEC no es una contradicción sino un contraste de métodos: INDEC compara el nivel general del mes contra el IPC del mismo mes, mientras que SIPA desestacionaliza y compara contra un promedio móvil — ambas miradas son válidas y conviene cruzarlas antes de sacar conclusiones definitivas sobre el poder adquisitivo.
El dato de julio (con el índice de salarios a publicarse en septiembre) será clave para confirmar si el privado registrado consolida el empate con la inflación o si junio fue un pico aislado — sobre todo con el segundo semestre trayendo paritarias más exigentes de cara a 2027.
02 — Argentina
Junio cortó una racha floja: tras la caída de 1,5% desestacionalizado en abril y de 0,6% en mayo, la actividad rebotó 0,8% mensual y acumuló 2,7% interanual. Pero el número por sí solo no es la noticia principal de este informe — lo que realmente cambió fue la amplitud de la recuperación.
Fuente: INDEC, EMAE por sector de actividad (jun-26). Pesca domina la escala por un fuerte efecto de base baja; no es representativa del ritmo del resto de la economía.
Doce de los quince sectores que componen el EMAE mostraron subas interanuales en junio, contra un esquema de meses previos mucho más concentrado en minería y agro. Esta vez la mejora alcanzó, aunque de forma moderada, a industria manufacturera (+1,9% i.a.) y a comercio (+0,8% i.a.) — dos sectores que vienen golpeados hace prácticamente dos años y medio y que empiezan, recién ahora, a sumar en vez de restar.
La construcción también acompaña esta lectura: el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) marcó en junio su segundo mes consecutivo en terreno positivo interanual, algo que no se veía de forma sostenida desde hace más de dos años.
Dicho esto, minería y agro siguen siendo, con claridad, los motores principales: entre los dos explicaron cerca del 40% del crecimiento interanual de junio (1,1 de los 2,7 puntos), con minería sumando su sexto mes consecutivo de subas interanuales de dos dígitos. La diferencia respecto a los meses anteriores es que, por primera vez en bastante tiempo, no están solos.
El componente tendencia-ciclo, que filtra el ruido de corto plazo, acumula ya 27 meses consecutivos de crecimiento — el ciclo expansivo más largo desde 2009-2011. Es una racha larga, aunque construida sobre un piso muy bajo tras la contracción de 2024, algo que conviene tener presente antes de leer estos números como una aceleración excepcional.
Vale la pena remarcar, además, que esta lectura sectorial más amplia coincide con una consultora local (CEPEC) que viene señalando el mismo patrón: industria, construcción y comercio —los sectores con mayor peso sobre el empleo y el consumo— aportaron en conjunto apenas 0,44 puntos porcentuales al crecimiento de junio, bastante menos de la mitad de lo que sumaron minería y agro. La recuperación se amplió, pero todavía es desigual en su intensidad.
Si industria, construcción y comercio logran sostener el signo positivo por segundo mes consecutivo, eso confirmaría que la recuperación empieza a ampliarse más allá de los sectores extractivos — el dato clave para saber si el crecimiento de 2026 empieza a sentirse en el consumo y el empleo privado, no solo en los agregados macro.
03 — Argentina
Julio dejó el mejor resultado comercial de la serie histórica para ese mes: un superávit de US$2.115 millones, resultado de exportaciones por US$8.854 millones (+14,1% i.a.) frente a importaciones por US$6.739 millones (-1,7% i.a.). Es el trigésimo segundo mes consecutivo con saldo positivo, y prácticamente duplica el superávit de julio de 2025 (US$907 millones).
Fuente: INDEC, Intercambio Comercial Argentino (ICA), jul-26. Jul-25 estimado a partir de variaciones interanuales oficiales.
El motor casi excluyente fue la energía: las exportaciones de combustibles y energía saltaron 97,8% interanual, con el petróleo crudo como gran protagonista — sus ventas externas crecieron US$603 millones respecto a julio del año pasado, hasta US$1.020 millones, de la mano de Vaca Muerta. El propio informe de INDEC precisa que ese salto combinó mayores precios (+19,5%) y, sobre todo, mayores cantidades físicas exportadas (+67,6%).
Conviene matizar el envión: buena parte de la mejora interanual de las exportaciones totales respondió a precios internacionales más altos (+12,4% i.a.) más que a mayores volúmenes físicos (+1,5% i.a.). Es una distinción relevante — un superávit impulsado por precios es menos estructural que uno impulsado por cantidades, y más vulnerable a un eventual giro en la cotización de las materias primas o la energía.
El complejo sojero, tradicionalmente el mayor generador de dólares comerciales, tuvo un rol más discreto este mes: el superávit de soja y derivados fue de US$1.260 millones, 31,5% por debajo del mismo mes de 2025 — la energía ya le está disputando el liderazgo cambiario al agro, algo impensado hace apenas un par de años.
Fuente: INDEC, ICA jul-26 (saldo por socio comercial).
Mirando el desagregado por socio comercial, el superávit bilateral con Estados Unidos (US$423 millones) y la Unión Europea (US$47 millones) contrasta con los déficits sostenidos frente a Brasil (-US$349 millones) y, sobre todo, China (-US$845 millones) — el mapa de dependencia comercial de Argentina sigue mostrando ese mismo desequilibrio estructural con Asia.
Puesto en contexto de mediano plazo, esta racha de 32 meses de superávit consecutivo es la más larga en la comparación reciente, y ya empieza a acumular un stock de dólares comerciales relevante para la meta de reservas del FMI. La pregunta hacia adelante es cuánto de esta mejora se sostiene si los precios internacionales de la energía y los granos ceden, versus cuánto responde a un cambio estructural en la matriz exportadora argentina —con Vaca Muerta como caso testigo de esto último.
El acumulado enero-julio ya lleva US$16.080 millones de superávit, muy por encima de los US$3.669 millones del mismo período de 2025 — pero con importaciones cayendo 3,5% i.a., una parte de esa mejora también refleja una economía que todavía importa menos de lo que podría con una recuperación más consolidada.
04 — Argentina
El indicador volvió a escalar esta semana hasta superar los 530 puntos el jueves —el nivel más alto en varios meses— antes de recortar 5,4% el viernes a 506, en una jornada en la que el BCRA compró US$89 millones (el monto diario más alto de agosto) y las reservas brutas treparon a US$50.342 millones, el nivel más alto desde septiembre de 2019.
La pregunta que importa es si esto es un fenómeno de mercados emergentes o algo puntual de Argentina — y la respuesta, con los datos de la semana, es mayormente lo segundo. Desde comienzos de julio el riesgo país argentino subió más de 100 puntos, mientras que el promedio de emergentes casi no se movió. Argentina llegó a mostrar un «sobredesempeño» de 5,4% frente a sus pares entre fines de mayo y fines de julio; en lo que va de agosto, esa ventaja se redujo a apenas 1,1%.
Hay, sí, un condimento internacional real: los rendimientos de los Treasuries a 30 años tocaron esta semana máximos de casi 20 años, y ese movimiento global de tasas presiona a cualquier bono emergente. Pero varias mesas coinciden en que la corrección argentina fue «demasiado marcada» para explicarse solo por ese factor — y apuntan a una recalibración del riesgo político de cara a las elecciones legislativas de 2027 y a dudas sobre la solidez de la recuperación de la actividad. En el comparativo regional, Argentina (506 pb) sigue muy por encima de Brasil (177) y México (210), aunque todavía lejos de los niveles de Turquía.
El índice viene lateralizando desde octubre del año pasado dentro de un canal ascendente — algo que venimos remarcando hace meses tanto en redes como en informes anteriores. Actualmente el precio está rebotando justo en la banda inferior de ese canal, después de una corrección que lo llevó a testear ese soporte técnico. El patrón de los últimos nueve meses es consistente: cada vez que el índice tocó la parte baja del canal, esa zona funcionó como piso y habilitó un movimiento de recuperación como mínimo hasta la zona superior del mismo canal.
Si ese patrón se repite, el nivel actual quedaría posicionado como una zona de entrada técnicamente atractiva de cara a un nuevo tramo hacia el techo del canal. Dicho esto, y como siempre remarcamos: esto es lectura técnica de un gráfico de precios, no una recomendación de inversión — el contexto de riesgo país en alza y la volatilidad internacional de esta semana son variables que pueden invalidar cualquier patrón técnico de un día para el otro.
Un Merval rebotando en soporte mientras el riesgo país sube es una combinación poco habitual — normalmente ambos se mueven en espejo. Vale la pena seguir de cerca si esta divergencia se cierra por el lado de una compresión del riesgo país o por el de una ruptura bajista del canal técnico del índice accionario.
05 — Estados Unidos
El resultado de la reunión de julio —mantener la tasa en el rango de 3,50%-3,75%, con votación 9-3— podría leerse como una victoria cómoda para la postura de mantener el statu quo. La minuta, publicada el 19 de agosto, muestra que la realidad es más ajustada: los tres disidentes fueron presidentes regionales (Beth Hammack de Cleveland, Neel Kashkari de Minneapolis y Lorie Logan de Dallas), los tres a favor de subir 25 puntos básicos, sin que ningún miembro del Board se sumara a esa posición. Pero el documento deja en claro que el sentimiento hawkish se extendió bastante más allá de esos tres votos: varios participantes señalaron que «el ajuste de política sería probablemente necesario si la inflación no bajaba», y hubo quienes cuestionaron directamente si las condiciones financieras actuales son lo suficientemente restrictivas.
La preocupación de fondo del comité no es el clásico dilema de elegir entre enfriar la actividad o convivir con inflación alta — es el escenario en el que ninguna de las dos cosas cede al mismo tiempo. Y hay un condimento que la propia minuta incorpora: el gerente de mercados de la Fed señaló que el período entre reuniones estuvo influenciado por el conflicto en Medio Oriente, con el petróleo terminando más caro tras la escalada bélica. Es decir, la Fed ya tenía en el radar el vínculo entre guerra, petróleo e inflación antes de que la escalada de esta misma semana (sanciones, vencimiento de plazos, amenazas cruzadas) se profundizara — la sección 07 de este informe no es un capítulo aislado, es un insumo directo de lo que la propia Fed está mirando.
Fuente: CME FedWatch Tool, probabilidades al 22-ago-26 para la reunión del 16-sep-26.
Lo que cambia respecto a reuniones anteriores es la dirección de la tendencia, no un giro puntual: en junio —la primera reunión de Kevin Warsh como chair— ya la mitad de los participantes había proyectado subas de tasa para 2026 en sus propios «dots»; en julio, ese sesgo se plasmó en tres disidencias explícitas, un nivel inusualmente alto de fractura interna tan temprano en el mandato de un nuevo presidente.
El otro giro, más de forma que de contenido pero relevante para entender el estilo del nuevo chair: Warsh planteó en la propia reunión reducir el calendario de ocho a seis encuentros anuales, para dar más tiempo entre decisiones y «acumular información» — sin resolución por ahora, pero coherente con un estilo de menos forward guidance y decisiones tratadas como «en vivo» en cada reunión, en lugar de señalizadas de antemano.
La minuta, sin embargo, llega desactualizada: es del 28-29 de julio, y desde entonces la nómina de julio salió negativa (-23.000 empleos, con revisiones a la baja de los dos meses previos por 103.000 puestos combinados) y la inflación núcleo vino más moderada de lo esperado — dos datos que empujan en sentido contrario al tono hawkish del documento. Por eso el mercado hoy le asigna a septiembre una probabilidad de suba de apenas 39,9% (y prácticamente cero de baja), bastante más moderada que el tono que transmite la propia minuta.
Con un chair que ya no da forward guidance explícito, cada dato nuevo —y sobre todo el discurso de Warsh en Jackson Hole— pesa más de lo habitual para anticipar la reunión de septiembre. Ver sección 06.
06 — Estados Unidos
Jackson Hole no es un evento más del calendario financiero — es, desde 1978, el retiro anual de banqueros centrales que organiza la Fed de Kansas City en las montañas de Wyoming, y desde 1982 el escenario elegido casi religiosamente para las señales de política monetaria más consecuentes de cada ciclo. Ningún presidente de la Fed se lo perdió jamás, y la lista de discursos que marcaron mercados es larga: Alan Greenspan explicando por qué la política monetaria no debía usarse para desinflar burbujas bursátiles; Ben Bernanke, entre 2010 y 2012, telegrafiando allí mismo el QE2 y el QE3 en plena crisis; Mario Draghi, en 2014, anticipando el programa de compra de bonos del BCE que se formalizó días después.
Este año el ingrediente extra es que Kevin Warsh da su primer discurso como chair el viernes 28 de agosto, apenas tres meses después de asumir y a solo 19 días de la próxima reunión del FOMC. El simposio corre del 27 al 29, bajo el título oficial «Innovación financiera: implicancias para los pagos y la política» — un tema técnico que, como pasó en 2020 o el año pasado con el mercado laboral, probablemente termine siendo apenas el punto de partida de un mensaje bastante más amplio sobre inflación y tasas.
Fuente: Kansas City Fed, cobertura de mercado (ago-26).
Las expectativas están genuinamente divididas. Una encuesta de Bank of America mostró que el 69% de los gestores de fondos anticipa un tono neutral, pero Warsh ya se encargó de bajar el nivel de certeza: en su conferencia de prensa del 29 de julio dijo que el discurso de agosto «es como una hoja en blanco» y que todavía no decidió si será amplio o si sentará las bases de la política del otoño. A esto se suma que Warsh conduce, en paralelo, una revisión del marco de política monetaria de la Fed con 15 expertos externos —con la chance abierta de que use Jackson Hole para el lanzamiento público de esa revisión, incluyendo una eventual vuelta a un objetivo estricto de inflación del 2% en lugar del esquema de metas promedio (AIT) vigente desde 2020.
Lo que hace más difícil de operar esta edición es que Warsh ya cortó con el forward guidance tradicional de la Fed: cada reunión se trata como «en vivo», sin señales previas. Eso significa que el discurso del viernes tiene, genuinamente, valor informativo real —algo que no se puede decir de la mayoría de los discursos de banqueros centrales de los últimos años, cuidadosamente diseñados para no mover mercados.
Cerca de la mitad de los participantes del FOMC ya proyectó subas de tasa para 2026 en la reunión de junio, y tres presidentes regionales disintieron a favor de subir en julio — un nivel de fractura interna inusualmente alto y ya confirmado en las minutas, a diferencia de lo que Warsh vaya a decir el viernes en un escenario de montaña frente a 120 banqueros centrales de más de 70 países.
07 — Estados Unidos
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán —iniciada el 28 de febrero— entró esta semana en un punto de inflexión claramente negativo. El memorando de entendimiento firmado el 17 de junio había fijado un plazo de 60 días para alcanzar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní y el alivio de sanciones; ese plazo venció el lunes 17 de agosto sin resultado, y ambos países quedaron entrampados en el manejo del Estrecho de Ormuz y el destino de los fondos iraníes congelados.
Fuente: CNN, Al Jazeera, cobertura internacional (ago-26).
Politólogos especializados en la región coinciden en que algo cambió estructuralmente en la negociación. Mahjoob Zweiri, experto en política de Medio Oriente, señaló un giro estratégico central: «Irán cambió su estrategia respecto al estrecho; ya no es solo un punto a negociar, sino la palanca bajo la cual se negocia todo lo demás —el alivio de sanciones y el bloqueo naval». A eso se suma, según Ibrahim Fraihat, profesor de conflictos internacionales en el Doha Institute, la dinámica propia de actores no estatales —particularmente los hutíes vinculados a Irán en el Mar Rojo— que responden a lógicas internas propias y complican cualquier cierre ordenado del conflicto.
Esta semana en particular trajo señales inequívocas de escalada, no de distensión: Estados Unidos sumó sanciones a Hezbollah y amenazó con una «guerra económica» contra Irán: el propio Trump advirtió que se vienen las sanciones «más contundentes» contra Teherán. Emiratos Árabes Unidos detectó dos misiles balísticos lanzados desde Irán, y Trump amenazó con bombardear Omán —mediador histórico entre ambos países— si «se mete en el camino» del Estrecho de Ormuz. China, por su parte, respondió a la amenaza de «Día D económico» señalando que las sanciones «no benefician a nadie».
En el plano interno, la guerra también empieza a pesar sobre Estados Unidos: el arsenal de interceptores de un sistema clave de defensa antimisiles está, según fuentes militares, «peligrosamente bajo» tras casi seis meses de conflicto activo, y crecen las preguntas sobre el desgaste de la tripulación del USS Abraham Lincoln, desplegado en la zona desde hace meses.
La mirada económica. El corredor del Estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado al tráfico normal —por él circula cerca de una quinta parte de la producción mundial de petróleo y otro tanto del comercio de gas natural licuado—, y esa disrupción ya se refleja en los precios de la energía: el crudo viene sostenido al alza desde la escalada, con la nafta en Estados Unidos casi un dólar más cara que hace un año. Ese canal —petróleo más caro alimentando la inflación— es, como vimos en la sección 05, uno de los factores que la propia Fed reconoció estar monitoreando en sus minutas de julio.
No, al menos no en el horizonte inmediato. El vencimiento del plazo sin acuerdo, las amenazas cruzadas de esta semana y el hecho de que ambas partes hayan detenido formalmente las conversaciones apuntan a una prolongación del conflicto más que a una resolución — con el petróleo como el canal de transmisión más directo hacia la macro global y, por lo tanto, hacia Argentina.
08 — Agenda
Semana relativamente descargada de indicadores de alto impacto en Argentina tras la catarata de datos de esta semana (salarios, EMAE y balanza comercial). En Estados Unidos, en cambio, la agenda es de las más cargadas del año: PBI, PCE, el balance de Nvidia y el debut de Warsh en Jackson Hole, todo en la misma semana. Para nuestros lectores que siguen ambos mercados, esta combinación —poca novedad local, máxima intensidad internacional— es exactamente el tipo de semana en la que conviene mirar más el calendario de EE.UU. que el propio.
| Día | Evento |
|---|---|
| Vie 28 | Encuesta de tendencia de negocios INDEC — industria manufacturera y supermercados (expectativas ago-oct) |
| Vie 28 | Informe de Turismo Internacional (ITI), julio 2026 |
| Toda la semana | Sin IPC en agenda — el dato de agosto se conoce recién en septiembre. Foco en reservas del BCRA y riesgo país tras la volatilidad de esta semana. |
| Día | Evento |
|---|---|
| Lun 24 | PMI compuesto preliminar de agosto (S&P Global) |
| Mar 25 | Confianza del consumidor (Conference Board) · pedidos de bienes durables |
| Mié 26 | PBI del 2° trimestre (2da estimación) · PCE subyacente de julio · balance de Nvidia tras el cierre |
| Jue 27 | Apertura del Simposio de Jackson Hole (Kansas City Fed) · pedidos semanales de desempleo |
| Vie 28 | Discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole, ~10hs ET — el primero como chair de la Fed |
| Sáb 29 | Cierre del Simposio de Jackson Hole |
Los tres eventos que más pueden mover mercados: el discurso de Warsh el viernes (primera señal directa de política monetaria bajo su gestión), el balance de Nvidia el miércoles (termómetro del ciclo de inversión en IA que sostiene a Wall Street) y cualquier novedad en el frente Irán-Estados Unidos, que sigue siendo el principal factor de riesgo para el petróleo y, por esa vía, para la lectura de inflación que la Fed hará de cara al 16 de septiembre.
Para Argentina, el canal indirecto es claro: un discurso más hawkish de lo esperado en Jackson Hole tiende a fortalecer al dólar globalmente y presionar a la baja a los activos emergentes —el mismo viento de frente que ya vimos esta semana en la sección de mercado financiero local. Un tono más neutral, en cambio, podría darle algo de aire al Merval y al riesgo país de cara a septiembre.
Fuentes: calendario de difusión INDEC (2° semestre 2026), Kansas City Fed, investing.com (calendario económico), cobertura de resultados corporativos de Wall Street.